El estudio viene de la mano del psicólogo Ross Flom, que luego de mostrarle a bebés dos fotografías, una de un perro enojado y otra de un can en calma, pasó a reproducir los sonidos de los ladridos que hacen los perros y vio cómo los bebés distinguían claramente a cual se refería, como si fueran capaces de traducir los ladridos de los animales.
El psicólogo indica además que los bebés son capaces de detectar los estados de ánimo de los canes con sólo poner un segundo de atención en el ladrido de los perros.
Otro de los resultados entregados por el psicólogo refieren a la capacidad que poseen los bebés al relacionarse con el entorno y comprender cómo estos entienden lo que les rodea, incluso mucho antes de aprender a hablar.
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