
Avalado por un titular en primera plana del diario Granma y como parte del homenaje por el cumpleaños 83 del líder de la revolución cubana, se presentó en La Habana el Diccionario de pensamientos de Fidel Castro, elaborado por el investigador Salomón Susi Sarfati. El lanzamiento tuvo como escenario la Plaza de Armas, justo en los portales del Instituto Cubano del Libro, donde ya es tradicional que cada sábado se presente al público un nuevo título. Para frustración de los que asistieron, en su mayoría personas que sobrepasaban los 50 años, los cerca de 500 ejemplares que allí se vendieron no alcanzaron para todos.
Quizás sea éste uno de los pocos, si no el único diccionario que se realiza sobre el pensamiento de una persona viva y que aún produce ideas. Su autor debe haber enfrentado el enorme desafío de consultar aproximadamente 6.000 horas de intervenciones públicas (un promedio de diez u once horas al mes, por 47 años) que se calcula protagonizó el infatigable orador durante su gestión de conductor de la revolución cubana. A este caudal de grabaciones -atesoradas seguramente en alguna fonoteca, transcritas y revisadas con sumo cuidado-, habrá que sumarle las miles de páginas donde se recogen las entrevistas que ha concedido y otros centenares de cuartillas en cartas, informes y libros escritos por el comandante.
No debe haber sido fácil sintetizar el pensamiento de una persona que ha tenido tanta influencia en los destinos de una nación y cuyo nombre, incluso, resulta imprescindible para escribir cualquier resumen mundial del siglo XX. Él ha tocado temas tan disímiles como la política, la economía, la cultura, el deporte, la ciencia, la religión, la pedagogía, la moral y las artes militares. No se le dieron nunca la filosofía ni el humor y quienes lo han conocido de cerca afirman que la frustración intelectual más grande de su vida es que la poesía le haya negado sus dones.
Quizás sea éste uno de los pocos, si no el único diccionario que se realiza sobre el pensamiento de una persona viva y que aún produce ideas. Su autor debe haber enfrentado el enorme desafío de consultar aproximadamente 6.000 horas de intervenciones públicas (un promedio de diez u once horas al mes, por 47 años) que se calcula protagonizó el infatigable orador durante su gestión de conductor de la revolución cubana. A este caudal de grabaciones -atesoradas seguramente en alguna fonoteca, transcritas y revisadas con sumo cuidado-, habrá que sumarle las miles de páginas donde se recogen las entrevistas que ha concedido y otros centenares de cuartillas en cartas, informes y libros escritos por el comandante.
No debe haber sido fácil sintetizar el pensamiento de una persona que ha tenido tanta influencia en los destinos de una nación y cuyo nombre, incluso, resulta imprescindible para escribir cualquier resumen mundial del siglo XX. Él ha tocado temas tan disímiles como la política, la economía, la cultura, el deporte, la ciencia, la religión, la pedagogía, la moral y las artes militares. No se le dieron nunca la filosofía ni el humor y quienes lo han conocido de cerca afirman que la frustración intelectual más grande de su vida es que la poesía le haya negado sus dones.
Fuente: Qué pasa
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