

Brasil, esa enorme isla sudamericana en que se habla exclusivamente el portugués, empieza a romper sus barreras idiomáticas. El Ministerio de Educación de Brasil dio un gran paso lingüístico y el martes firmó un protocolo de colaboración con el Instituto Cervantes, el cual permitirá apoyar la implantación del español en el sistema educativo.
El español, desde 2005, se enseña en la educación superior brasileña. Ahora, con el acuerdo, se pretende extender la iniciativa a la educación primaria. En Brasil hay once millones de ciudadanos que estudian el español y el gobierno proyecta una multiplicación y llegar a cincuenta. La alegría por el acuerdo llegó a tal punto que la vicepresidenta primera de España, María Teresa Fernández de la Vega, cruzó el Atlántico y lanzó una pertinente frase marítima: “El acuerdo es una manera de achicar el océano”.
Los idiomas se unen y no pueden esperar. Ya la próxima semana comenzará a impartirse un programa piloto en cuatro ciudades brasileñas: Brasilia, Río de Janeiro, Recife y Porto Alegre. El español de España inunda Brasil, mientras, a poca distancia, el español de Argentina mira todo con la boca cerrada.
Para revertir eso de imponer en el país vecino el español que se habla más allá del Atlántico, Jitrik sugiere propiciar un conflicto internacional: “Me parece que la Academia Argentina de Letras debe formular una suerte de reclamo en torno al problema”. La guerra entre idiomas podría ser inminente. Y, en toda batalla, siempre existirán los héroes.
Puede que, lingüísticamente, entre Brasil y España el océano se haya achicado. Pero lo peligroso es que, en esta disputa de idiomas, para Argentina el océano acaba de crecer.
Fuente: Diario Crítica de la Argentina
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