25 nov 2009

¿Que pasaría si sos el ultimo en el mundo en hablar un idioma?


Santiago de Chile, (dpa) - Keyúc es el último hablante ona del mundo y sueña con poder enseñar a amigos y desconocidos las voces de su pueblo, para que la lengua de sus ancestros patagónicos no deje de viajar por los fiordos y canales de su tierra.

Su cruzada a favor de rescatar las lenguas del sur de América lo llevó también a la remota Villa Ukika en Puerto Williams, localidad donde vive Cristina Calderón, la última hablante yagana del orbe.
Keyúk, que nació y creció hasta la adolescencia sin saber que sus ancestros eran indígenas onas y tehuelches por la vergüenza que ello provocaba en su familia.
De hecho, Keyúk sueña con no ser el único que pueda gritar "yik'wa-vuen, kwa-haspen" (estamos vivos) en su idioma. A diferencia de sus ancestros, obligados a hablar español e inscribirse en el Registro Civil con nombres castizos, está orgulloso de su pasado.

No obstante, hoy mismo hay quienes dudan de su sangre ona pura, lo que él no niega, reconociendo que es un mestizo de onas y tehuelches que castellanizaron sus apellidos.
Su nombre actual, que significa viento oeste, es parte de ese viaje interior, donde su primer nombre ona fue Annëken, el zurdo, primer apelativo con que reemplazó su original y afrancesado Joubert Yanten.
Todo este esfuerzo, que comenzó en la adolescencia tras descubrir sus raíces al revisar fotos familiares escondidas en un baúl, lo ha llevado a sus 20 años a recorrer otros países y ser invitado a actos culturales de las diferentes etnias de su país.

"Entre ellos, los demás indígenas, yo me siento uno más y soy reconocido por mi trabajo", admite.

Por eso hoy su lucha y trabajo, confiesa, ya no es por la curiosidad que despertó en él saberse heredero de una cultura extinta. "Hoy es por conciencia", dice.
No en vano, aprender su idioma no fue fácil, pues nadie lo hablaba en su casa mestiza. Por ello, primero reconoció los fonemas y estructuras gramaticales, para luego comenzar a hablarlo, tomando como base antiguos registros de audio.Su anhelo, confiesa, es que no dejen de vagar por el mundo las voces de su lengua, la que paradíjicamente no conoce la palabra silencio. Por ello seguirá cantando los cantos chamánicos de sus antepasados y llamando "jestateltenk" al verde de los bosques.

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